La guitarra suena,
sueña,
siente,
suelta su voz,
sacude sus acordes,
siembra el aire con su noble armonía.
La sangre de su intérprete
penetró en su osamenta,
y no hay dos sino uno solo,
alma plena de cuerdas y madera;
los dos son uno,
sangre y notas puras
vibrando por la atmósfera serena.
Daniel Adrián Madeiro
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