viernes, 6 de agosto de 2010

Magia

Un día de esos, almorzando con un hermano y colega de la vida tuvimos una conversación de lo mas interesante pero siendo esta una de las más cortas que tuve con el ese día, me hizo recordar que pasó exactamente el día de la historia que les contaré.
Corría el año '98 tenia entre 9 y 10 años, mi estilo de vida era de los más sencillos levantarme temprano para estudiar, pasar la mañana en el colegio, regresar hacer mis tareas y ayudar con uno que otro que hacer en la casa. Mi recuerdo empieza estando arrodillado en el patio de enfrente de mi casa que había sido levantada con mucho trabajo por mi padre, con ventanas y puertas de maderas hechas por él, junto a mis primos jugando cincos al levantar la vista veo aquel terreno lleno de monte, arboles frutales uno que otro perro ladrando al aire y el sol alumbrando con todo su esplendor. Con un breve, rápido y disimulado movimiento mi pie empuja uno de mis cincos para estar más cerca del otro para después poder pegarle y ganar el juego, estando ejecutando mi movida que comúnmente llamamos trampas a lo lejos escucho la voz de la mujer que nunca me ha fallado y que ha hecho maravillas en mi casa y en mi hogar -¡Raphael vaya a traer las tortillas! grita mi madre, ese momento lo recuerdo porque mi estomago gritaba que tenia hambre, entonces le dije a mis primos: -Muchades, hay salgo al rato solo voy a comprar las torcuatas, como y regreso a jugar. Voy con mi madre para que me diera el manto y el dinero e ir por las benditas tortillas que impedía que yo deborara el almuerzo que ella había preparado, pasado el tiempo yo regresaba con el mandado recién salido del comal imaginando cuantas tortillas me iba a comer porque el hambre ya estaba haciendo estragos... ¿Qué hay de comer? pregunté, -Esperame mi amor ahora les sirvo a todos... fue la respuesta de mi madre, entonces, me fui a sentar a la suerte de sillones que teníamos y me puse a esperar, al fondo de la escena se escuchan los martillazos de un carpintero creando muebles para poder guardar las herramientas que tanto cuidaba, yo podía ver toda la actividad de mi madre al cocinar pues la cocina, el comedor y la sala estaban en la misma habitación, pero como cosa rara mi madre no había sacado las ollas ni los sartenes solo venia hacia nosotros con unos platos, el bulto de tortillas y un cuarterón de queso, por lo regular siempre que me servían un poco de comida mi reacción era reclamar para que me dieran más pero ese día hubo una expresión de mi madre que hizo que me quedara callado, al ver que íbamos a almorzar unas tortillas con queso, la mirada de mi madre era aquel disimulo mezclado con pena, creo que ese día mi mama no tenia dinero como para hacer un "almuerzo" mi padre por su parte estaba cubriendo los turnos dobles en una fabrica de galletas muy popular. Esos días fueron duros para mi familia, una pareja joven con cuatro hijos tratando de dar una mejor calidad de vida que la que ellos tuvieron. Tenían un secreto muy disimulado, uno que sus hijos no habían captado y que no era la primera ni la ultima vez que iba a pasar, mi madre en especial era la encargada de hacer magia con el poco dinero que mi padre con tanto esfuerzo ganaba, digo magia porque las madres son capaces de estirar un billete para que dure dias. Ese día aprendí que no hay que renegar o alegar por lo que nuestras madres nos sirvan en la mesa, no sabemos que penas hay detrás de cada plato servido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario